Germán Lago: un eslabón fundamental en la historia de los instrumentos de púa españoles
Quince años después de la publicación del libro «Los instrumentos de púa en España» vuelvo a recordar en estas páginas a Germán Lago. Ahora, y quizá por eso con más perspectiva y sosiego, reivindico a este gallego que contribuyó a enriquecer la vida musical de Madrid en épocas difíciles, participando decididamente en mantener y proyectar los instrumentos de púa en España. En efecto, Don Germán era un hombre polifacético y empleó todos sus recursos como profesor, arreglista y director en nuestros instrumentos de púa.
Sirvan estas breves líneas como homenaje personal, con el recuerdo de una triste mañana en la que vi donde «descansaba en paz». No voy a extenderme en relatar aquí momentos de su vida; aparecen más detallados en el apartado relativo a «Apuntes biográficos» del citado libro. Lo que me interesa es definir y explicar por qué considero a Germán Lago un generador vital para nuestros instrumentos.
Su primera aparición junto a «las bandurrias» se refleja en una foto con 17 años al frente de un orfeón («La Lira») y una rondalla en Gondomar (Pontevedra), donde residió. Es importante señalar la mixtura de bandurrias, guitarras, instrumentos de viento y de percusión, y la ausencia en la imagen de «laúdes españoles».
Germán Lago, profesor
Ideó y en cierto sentido anticipó cómo sería la enseñanza global de instrumentos de púa españoles, una carrera de tres cursos. Su estrategia era conseguir una joven orquesta dentro del seno de la Organización Juvenil Española:
«Esta ORQUESTA estará integrada por jóvenes de ambos sexos, de 9 a 16 años, hasta un número de 50 ejecutantes. Serán preferidos, por optar a figurar en esta agrupación, los que sepan solfeo y ejecuten alguno de dichos instrumentos, estableciéndose una clase de perfeccionamiento para ellos. Asimismo se establecerán clases de solfeo y de guitarra, laúd y bandurria, para los que no tengan conocimiento alguno de la práctica de los citados instrumentos, previo examen de intuición musical.»
Pero su idea no tuvo apoyos suficientes, como tampoco su petición en 1950 de crear una cátedra en el Conservatorio de Madrid.
La enfermedad que le impidió tomar plaza de profesor de violín en 1909 en el Conservatorio de Madrid le obligó a retirarse a Vigo. Años después regresó a Madrid, pero su experiencia y conocimientos musicales los destinó básicamente a «la púa».
Germán Lago era un hombre capaz de crear en 1911 una orquesta como la Mandolinística Española formada con personas casi analfabetas. Se decía de él que «del puño y la escoba sacaba músicos». Era admirado por su capacidad didáctica. De su legado y resultados es fácil suponer que conocía la técnica de Baldomero Cateura y la de otros tratadistas como Jorge Rubio, que luego personalizaba. No en vano tuvo mucha culpa del éxito como instrumentistas de cuatro alumnos aventajados: el Cuarteto Aguilar.
En algunos programas de la Orquesta Ibérica aparecía el siguiente comentario: «El Maestro Germán Lago es la personalidad más relevante y de mayor solvencia artística en el campo de los instrumentos llamados españoles. Su influencia ha sido muchas veces decisiva en la formación de muchos instrumentistas, y el Cuarteto Aguilar, de universal renombre, a Germán Lago debe su integral formación musical». Los hermanos Aguilar nunca olvidaron a su maestro ni aún en el cenit de su exitosa vida musical, como muestra la dedicatoria de la foto que Paco Aguilar le regala: «Para Germán Lago, con el cariño de su antiguo discípulo». También influyó en el fugaz pero importante bandurrista malagueño Antonio Sáenz Ferrer y, por supuesto, en el gran músico Manuel Grandío.
El adaptador y el director
«Las transcripciones del Maestro Lago son muy acertadas, teniendo su gran sabor en los instrumentos de pulso y púa, que semejan a veces una vihuela, a veces un clavecín.»
Germán Lago aporta una novedosa concepción. Se basó en la estructura de una Orquesta de Púa a la manera de Cateura. Sus contactos conocidos con el lutier Domingo Esteso influyeron en la construcción y diseño de «nuevas voces» como el bandurrín, el laúd contralto y el laúd bajo. Pero lo más distintivo era el repertorio, que como decía el musicólogo Federico Sopeña «estaba sacado del fondo más recóndito y característico de nuestra música nacional». Cantigas del siglo XIII, obras de Narváez, Gaspar Sanz o Cabezón eran recuperadas con otro timbre a base de bandurrias, laúdes y guitarras. En 1948, la Editorial Música Moderna le encargó la adaptación de obras para el formato de «Rondalla» (bandurria 1ª, bandurria 2ª, laúd y guitarra), plantilla más extendida en el territorio nacional. Germán Lago también compuso para banda, como en el caso de Gondomar, «en homenaje a esa villa donde pasé los mejores días de mi juventud».
Sus dotes de organizador incansable le llevaron a crear en 1915 su segunda orquesta: la del Centro de Hijos de Madrid, con figuras destacadas como el concertino Gabriel Arredondo y Francisco Collado, laúd bajo y tratadista. De corta historia, a los pocos años se deshace por problemas económicos.
Pero Don Germán no se desanima y funda la que sería la más famosa y elogiada: la Orquesta Ibérica de Madrid, que daría su primer concierto el 1 de abril de 1929. En ella volcaría todo su esfuerzo y personalidad, realizando adaptaciones para todas las voces de bandurrín, bandurrias, laúdes contraltos, laúdes tenores, guitarras y laúdes bajos. Reapareció con la Orquesta después de la guerra, en 1940, contando siempre con 40 o 50 músicos. De su historia cabe citar a Manuel Ropero, Gabriel Arredondo, Luis Rubio, Manuel Grandío, Santiago Nebot, Ernesto y Claudio Tabernero o Escudero. Como afirmaba el guitarrista Regino Sainz de la Maza: «Los recelos que pueda suscitar una agrupación semejante pronto quedan disipados ante la realidad de unas ejecuciones musicales y de una sonoridad que en ningún momento hace recordar el desgarro chillón de las típicas rondallas» (ABC, 1-6-1948).
Germán Lago consolida una forma de organizar la orquesta de púa con guitarras, obteniendo la aprobación de críticos, músicos y compositores como Joaquín Turina: «logrando una sonoridad llena, aunque jamás agria, y obteniendo preciosos detalles de finura y delicadeza». El momento histórico de la España de los años cuarenta provocó la obtención de una ayuda oficial, aunque escasa, para la Orquesta Ibérica. Estuvo invitada para actuar en Europa (Suiza, Holanda y Suecia) y América, pero luego faltó el apoyo oficial.
Como registro sonoro, todavía se conservan grabaciones realizadas por la Casa Odeón de la Orquesta Ibérica de antes de la guerra. En un catálogo de esa empresa figuraba un disco con la «Serenata de la Fantasía Morisca» y «Capricho Árabe» al precio de 9 pesetas. De la segunda fase son conocidos los tres volúmenes grabados con la marca discográfica Columbia.
En definitiva, Germán Lago como profesor, compositor, arreglista y director de orquesta obtuvo el reconocimiento del estamento oficial musical (Federico Sopeña, Joaquín Turina, Enrique Franco, Víctor Espinós, Regino Sáenz de la Maza, Antonio Fernández Cid…). Este gran músico —intérprete de violín, guitarra, piano y bandurria— es el epicentro común del Cuarteto Aguilar, Sáenz Ferrer y Manuel Grandío. Puede decirse que antes y después de nuestra desgraciada guerra civil dos generaciones de bandurristas somos herederos de su sello y estilo. Por todo ello vaya mi admirado recuerdo para Germán Lago Durán, nacido en Vigo el 19 de octubre de 1883 y fallecido en Madrid el 19 de diciembre de 1967.
Descargar el anexo (PDF): colección «Rondalla» instrumentada por Germán Lago
